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El Barrio de la Estación de Haro

Si hay que destacar un punto concreto por la repercusión que ha tenido en la historia del vino de Rioja, este es sin  duda el Barrio de la Estación de Haro. Un lugar lleno de simbolismo y que sin duda revolucionó todo el mundo del vino de nuestra denominación de origen.

Si no se hubieran producido una serie de coincidencias históricas, el mundo del Rioja sería diferente. El desarrollo de este espacio y sobre todo las causas que lo motivaron tuvieron una influencia fundamental en el desarrollo posterior de la vitivinicultura riojana.

El Barrio de la Estación surge por dos razones fundamentales. En primer lugar por la presencia temprana de un ferrocarril de largo recorrido, una situación no tan frecuente a mediados del siglo XIX. La línea de ferrocarril que unía Haro con Miranda de Ebro tiene ya más de 150 años de historia. El trazado tenía un alto valor estratégico al permitir desde  Miranda de Ebro poder enlazar con diferentes puntos, especialmente Bilbao.

La empresa promotora de la línea Tudela-Bilbao, al que pertenece el tramo al que hacemos referencia, se fundaría en el año 1856; pero no sería hasta 1863 cuando se realizaría el primer viaje desde Haro hasta Miranda.

Este hecho de la puesta en marcha del ferrocarril coincide con la aparición de dos enfermedades que dañarían de forma gravísima los viñedos de la vecina Francia. En primer lugar el oídium que asolaría al país vecino en 1859 y después la filoxera que tendría consecuencias aún más funestas para los viñedos galos.

Esta situación obligaría a los bodegueros franceses a buscar lugares que les permitieran abastecerse de unos vinos de características similares a los suyos y que permitieran sus sistemas de crianza y por otro lado que fueran lugares bien comunicados para poder enviar con facilidad a sus mercados de origen. Haro se presenta como un lugar ideal para ambas circunstancias. A esto tenemos que añadir una tercera situación, los bajos aranceles que se pagaban por la trasiega de vino con el vecino país.

Primero instalaron almacenes donde recogían vino para enviarlo en grandes toneles por ferrocarril. Esta fue la primera ocupación del barrio, aunque en la actualidad no quedan testimonios de estos antiguos almacenes.

La actividad era tan intensa que pronto fue necesario ampliar la estación debido a la fuerte demanda de tráfico. Así en 1880 entraría en funcionamiento la nueva estación que se conserva hasta nuestros días.

Pronto empiezan a aparecer iniciativas para construir bodegas y no sólo almacenes. Rafael López de Heredia seria el precursor de la puesta en marcha de la realidad de bodegas en torno al Barrio de la Estación que hoy conocemos. Sería en 1877 cuando D. Rafael comienza a diseñar y a trabajar en la puesta en marcha de la Bodega que hoy conocemos. No sólo se plantea elaborar sino producir sus propias uvas por lo que abordó rápidamente también el tema de los viñedos.

Es interesante destacar también la historia de Bodegas Bilbaínas. En el año 1859 y por las causas que ya hemos explicado, se instala en la barrio de la estación la compañía Savignon Frères et Cie que prepara instalaciones para poder controlar los procesos de elaboración, a diferencia de lo que hicieron otros empresarios franceses que solo comerciaban con el vino. Superada la crisis de la filoxera en Francia, la compañía decide poner en venta sus instalaciones en Haro y volver a su país de origen. Es en 1901 cuando un grupo de empresarios bilbaínos compra la bodega y continúa con la actividad ahora bajo capital español.

Otras bodegas fueron instalándose en este espacio: en 1879 la Compañía Vitivinícola del Norte de España (CVNE); Gómez – Cruzado y La Rioja Alta, S. A. en 1890, y las ya citadas bodegas Bilbaínas en 1901.

Sin embargo las causas del boyante desarrollo del Barrio de la Estación empezaría a verse enturbiado por una serie de circunstancias. En primer lugar el cambio de los aranceles para las exportaciones de vinos a Francia que subieron sensiblemente a partir de 1890. En segundo lugar la aparición de la filoxera en la zona en el año 1892, situación que haría entrar a todo el sistema vitivinícola riojano en una profunda crisis. Pero la lucha contra la filoxera ya había empezado a dar sus frutos y, a pesar de las graves consecuencias que la plaga infringió a la Rioja la solución se normalizó en unos pocos años y el Barrio de la Estación continuo su desarrollo hasta convertirse en el símbolo que es hoy. Nuevas bodegas se incorporaron ya más tardíamente, pero con la misma filosofía, a este núcleo bodeguero. Es el caso de Muga (1932)  o de Roda (1987).

Hoy el Barrio de la Estación de Haro es uno de los lugares emblemáticos de la cultura del vino a nivel mundial. Su larga historia, el mantenimiento de sus labores tradicionales y la excelente calidad de sus vinos son sin duda sus mayores valores. Visitarlo es realizar un viaje único y singular al mundo del vino de Rioja.

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