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El puente de San Vicente de la Sonsierra

El río Ebro es un importante accidente geográfico que marca el eje de la zona de la Rioja Alta. Superarlo ha sido un problema histórico para todos los habitantes de la zona. Un río del caudal y con las subidas que presentaba hacia muy difícil establecer adecuados sistemas de vadeo.

Los puentes se convierten así en un elemento clave en las comunicaciones del territorio. Quizá el más espectacular de los que existen en la zona sea el puente de San Vicente de la Sonsierra, una majestuosa construcción que, hasta hace muy pocos años, era el medio de paso obligado para superar el río en este punto.

Se trata de un puente de casi 250 metros de largo  y que supera los 14 metros de ancho, una genial obra. Ha sido un puente que ha sufrido numerosas intervenciones a lo largo de su historia.  El puente es de origen medieval, conservándose tres arcos (los primeros de la margen izquierda) de esta época. Su fecha de construcción es probablemente anterior al año 1772. Constituía uno de los pasos fundamentales entre los reinos de Castilla y Navarra y, por esta razón, se encontraba fuertemente defendido tanto por la fortaleza de San Vicente como por torres en el propio puente.

A comienzos del siglo XVI  la villa de San Vicente, la fortaleza y el puente pasan a manos de Juliana Ángela de Velasco, hija del conde de Haro. En este siglo se planteó un curioso pleito con los monjes del cercano monasterio de La Estrella (San Asensio) en el que el monasterio reclamaría, y terminaría ganando, el derecho de no pagar los impuestos de pontazgo por el uso del puente. Hubo otro pleito en este siglo de los propietarios con los vecinos de la localidad ya que estos intentaron poner en servicio una barca para el paso del río y evitar de esta manera el pago de los citados impuestos.

El puente sufrió una importante remodelación a finales de este siglo que afectó a buena parte de sus arcos. En 1643 el puente sufrió graves daños tras una riada, lo que obligó a nuevas obras. Es probable que en este año desapareciera la torre central que protegía el puente que parece llevaba ya tiempo muy deteriorada.

Las importantes crecidas del río en los años 1775 y 1783 dejaron al puente inutilizable. Esto obligó a que se tuviera que habilitar el uso de un barco para poder superar el cauce. Para la realización de esta obra el Ayuntamiento tuvo que pedir un préstamo a la Iglesia.

A mediados del siglo XIX se plantea la necesidad de tener que recuperar el puente y se planifican importantes obras. No obstante la riada de 1871 vuelve a causar desperfectos en la fábrica, proyectándose entonces el gran arco elíptico central que hoy podemos contemplar.

El puente es uno de los símbolos de San Vicente de la Sonsierra. No te puedes perder el visitarlo de noche, ya que la bella iluminación con la que cuenta le otorga un singular carácter en las visitas nocturnas.

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