En el límite de la Rioja Alta con la Rioja Media nos encontramos con esta localidad, la más habitada de la Mancomunidad con una población de 2.084 habitantes en 2006. Con la N-232 y la AP-68 como principales vías de comunicación, Cenicero representa uno de los principales y más tradicionales centros vitivinícolas de toda La Rioja y del conjunto de la Denominación de Origen.
Una de las curiosidades acerca de esta localidad es la etimología de Cenicero. La versión popular hace referencia a que los pastores se reunían allí y como dejaban las cenizas se designo Cenicero. La alternativa científica traduce la antigua denominación Cinisaria por cenizales, que era donde se elaboraba el carbón.
La existencia de restos arqueológicos celtas, íberos y romanos en diversos yacimientos de la localidad nos demuestran que Cenicero ya estaba poblado en los milenios tercero o segundo A. de C. Como todo el valle estuvo sometida a los continuos cambios de manos entre los reinos cristianos y musulmanes en la convulsa Edad Media española. Navarros y castellanos se disputaron la línea fronteriza y Cenicero fue testigo de batallas como la mantenida por el trono castellano en 1367 entre Pedro I el Cruel y Don Enrique de Trastamara.
Durante las siguientes centurias la localidad vio como se comenzó la construcción de la iglesia y de la ermita de la Virgen del Valle y se realizó el Crucero y la ermita de la San Cristóbal, todas en el siglo XVI: como en 1636 el rey Felipe IV nombró villa a Cenicero; y de que manera aparecía en el catastro de 1752 del Marqués de la Ensenada: "Se llama Villa de Zenizero, tiene 250 vecinos(alrededor de 1.000 habitantes), en 180 casas habitables, tiene hospital que se mantiene de las rentas y la caridad; tiene 13 clérigos y 4 capellanes. Una taberna, no hay puente ni barcas en losa ríos, ni mercado ni ferias. Tiene médico, cirujano, boticario, maestro de niños, organista etc."
Pero será la vid la que otorgue a Cenicero un mayor protagonismo desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. Así, con la creación de la Real Sociedad Económica de La Rioja con el objetivo, entre otros, de mejorar la salida a la producción vitivinícola de la región, esta localidad ocupará un lugar preferente. Cada municipio contaba con un voto en las juntas de la institución y los que superaran las 90.000 cántaras de vino tendrían derecho a dos. Pues bien, en 1790 sólo Cenicero obtuvo esta distinción. Una de las actuaciones más emblemáticas de la Real Sociedad Económica de La Rioja fue la construcción en 1794 del puente de Torremontalbo, siendo Cenicero una de las localidades más beneficiadas de esta obra.
Pero el comienzo del siglo XIX fue negativo para la villa ya que se produjo una crisis de subsistencia motivada, entre otras razones, por la invasión francesa ante la cual toda la región se vio particularmente indefensa, organizándose en ese periodo la Junta General de La Rioja a pesar de que el territorio estaba dividido entre las provincias de Soria y Burgos.
Coincidiendo con la creación de la Provincia de Logroño en 1833 se inaugura un periodo para Cenicero exultante en acontecimientos que llegan hasta nuestros días. Las Guerras Carlistas devolverán a La Rioja al pasado medieval como territorio fronterizo entre los tradicionalistas, especialmente situados en País Vasco y Navarra, y los liberales, a los que se adscribió la gran mayoría de La Rioja. En 1834 Cenicero resistió el asedio de los carlistas con Zumalacárregui al frente, gesta que será recordada como la defensa de los urbanos y conmemorada con la colocación de la Estatua de la Libertad en su memoria en 1897.
La expansión del vino de Rioja en la segunda mitad de siglo gracias a la implantación del modelo de producción bordelés fue para Cenicero vital, con pioneros tan destacados como el Marqués de Murrieta o la creación de algunas bodegas de referencia. Este impulso económico provocó el incremento de la población de la localidad hasta superar los 2.000 habitantes. El final de siglo y el comienzo del XX no pudieron tener un peor escenario, la crisis de la filoxera y la devastación de prácticamente la totalidad del viñedo riojano.
Su situación geográfica también le permitió una posición ventajosa en el desarrollo del ferrocarril a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La inauguración de la estación el 2 de marzo de 1863 le situó como uno de los epicentros de la comarca en el traslado de pasajeros y mercancías procedentes de todo el Valle del Najerilla. Precisamente será el ferrocarril el que marque uno de los momentos claves de la Historia de Cenicero: la catástrofe de Torremontalbo el 27 de junio de 1903. En esa fecha, a la altura del puente sobre el Najerilla descarrilló el tren falleciendo 43 personas. Los habitantes de Cenicero se volcaron en el auxilio y cuidado de las víctimas del accidente por lo que el 19 de enero de 1904 se le concedió el título de Ciudad Humanitaria.
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