historia pueblos rioja alta
 


Sajazarra | Cuzcurrita de Río Tirón | Tirgo | Casalarreina | Briñas | Briones
San Vicente de la Sonsierra | Ábalos | San Asensio | Torremontalbo | Cenicero

La zona comprendida entre los municipios de Cenicero y Sajazarra, la ribera del río Ebro en Rioja Alta, ejemplifica la ubicación de La Rioja como "cruce de caminos". Y es que el Patrimonio Histórico - Artístico y los restos arqueológicos que encontramos en estas localidades, así como ellas mismas como protagonistas de la Historia en primera línea, son una muestra de la profunda y convulsa historia riojana, territorio fronterizo y de conquista sobre todo en la Edad Media. Y tampoco podemos olvidar su posición geoestratégica en el curso medio del Ebro, una de las zonas de entrada de los diferentes pueblos y civilizaciones al interior de la Península Ibérica.

Los dólmenes y las necrópolis que se suceden especialmente en la Sonsierra son una muestra de que ya en el Neolítico existían doblamientos en la zona. La llegada de tribus celtas e íberas tiene su mayor representación en la localidad de Tirgo ya que su nombre procede del término "autrigones", uno de los pueblos prerromanos de origen celta asentado en las orillas del río Tirón, uno de los ocupantes de La Rioja junto a los berones, pelendones, vascones y en menor medida los vardulos. La ocupación romana también se dejó sentir en toda la comarca, no en vano el río Ebro era navegable hasta la localidad de Varea, junto a Logroño. Sin embargo, a diferencia de otras zonas limítrofes como Tricio o Herramélluri, las huellas romanas son muy escasas. Para algunos historiadores en el término municipal de Briñas se situaría la antigua ciudad romana de Deóbriga, cuyos restos se encuentran en un cerro al oeste de la localidad. También en Tirgo podemos ver una pequeña muestra de una calzada romana, así como está documentada la existencia de talleres de cerámica que sobrevivieron hasta la Edad Media.

Pero es sin duda precisamente la Edad Media la que va a marcar la Historia de toda la zona. Con la invasión árabe este territorio se sitúo prácticamente en la frontera de los reinos cristianos del norte de la Península. Desde que se producen los primeros avances de éstos, el actual territorio riojano, especialmente Rioja Alta, se verá determinado por su condición de frontera. De hecho, algunas fuentes documentales de estos siglos indican las incursiones de los monarcas asturianos en la Sonsierra y alrededores. Será en el siglo X cuando todo el oeste de La Rioja pasará a formar parte del Reino de Navarra, cuya denominación durante más de un siglo será de Nájera-Pamplona. La decisión de los reyes navarros de instalar la Corte en Nájera favoreció el desarrollo de toda la zona, como muestra la riqueza monumental, especialmente los monasterios. Sin embargo, la partición en el siglo XI del extenso Reino de Nájera-Pamplona entre los sucesores del rey Sancho III el Mayor provocó que buena parte de La Rioja pasara a formar parte de Castilla.

Así, la ribera del Ebro se convirtió en la frontera entre los poderosos reinos cristianos, que no dudaron en enfrentarse entre ellos por sus posesiones territoriales. Una buena muestra de este hecho son los numerosos castillos que pueblan esta zona. Desde Sajazarra a Cuzcurrita, de Briones a Davalillo, formaban parte de la línea defensiva castellana en esta ribera del Ebro. En frente, el castillo de San Vicente fue uno de los más importantes del Reino de Navarra. Y es que la Sonsierra, es decir, los municipios de Briñas, Ábalos y el propio San Vicente, estaban integrados en ese reino y eran conocidos como la Sonsierra navarra. Tras la enésima disputa sucesoria en 1463, estas tres localidades se incorporaron a la Corona de Castilla. Cuando en 1512 el Reino de Navarra se integra en el de España La Rioja deja de ser un territorio fronterizo.

No será hasta el siglo XIX cuando se produzcan acontecimientos históricos de igual relieve. Así, en 1833 nace la Provincia de Logroño que unificó La Rioja, que hasta entonces se encontraba dividida entre las Intendencias de Soria y Burgos, perteneciendo la franja de Sajazarra a Cenicero a la segunda. Precisamente el papel de esta zona en el nacimiento de la provincia riojana va a ser determinante. Por una parte, estos municipios se integraron en una de las organizaciones que dieron origen y forma a la demanda: la Real Sociedad Económica de La Rioja. Formada en sus inicios por cosecheros y viticultores, uno de sus objetivos fundamentales era mejorar las comunicaciones con el exterior para facilitar la salida de sus productos. De hecho, el puente de Torremontalbo fue una de sus obras más relevantes, así como hay constancia de obras similares en Casalarreina y Tirgo.

El momento de la creación de la Provincia de Logroño coincide con la I Guerra Carlista, en la que esta zona recuperará durante unos años su carácter fronterizo. Mientras que La Rioja se adscribió prácticamente en su totalidad al bando liberal, Navarra y País Vasco fueron los centros carlistas más importantes. Así, por una parte el territorio riojano servía de acuartelamiento y aprovisionamiento a los ejércitos isabelinos, y por otra parte sufría las consecuencias de las incursiones carlistas. Uno de los hechos más relevantes fue el asedió de las tropas comandadas por Zumalacárregui a la iglesia de Cenicero en 1834, en la que resistió la milicia urbana y que se conmemoró en 1897 con la colocación de la Estatua de la Libertad. Durante el siglo XIX hubo dos guerras carlistas más.

Pero sin duda será la segunda mitad del siglo XIX la que confiera a la zona su definitiva identidad. La crisis de la filoxera en las principales zonas vitivinícolas europeas obligó a los bodegueros de Burdeos a buscar nuevos centros de abastecimiento. Su llegada a La Rioja revolucionó las técnicas de elaboración al implantarse el método bordelés de crianza. Así, el vino de Rioja adquirió su valor y la mayoría de las fincas de Rioja Alta se dedicaron al cultivo de la vid. Pero la filoxera también llegó, fue precisamente en Sajazarra el 5 de junio de 1899 cuando se detectó el primer brote de la epidemia. En pocos años el viñedo riojano quedó devastado, produciéndose una crisis prácticamente sin precedentes. La recuperación del mismo fue gracias a la utilización de cepas americanas resistentes al parásito como portainjertos de las variedades autóctonas. El Rioja volvió a su posición, recuperando los mercados, siendo el punto de partida del sector tal y como hoy lo conocemos.

De Sajazarra a Cenicero, entre las huellas de la Historia, desde los pueblos del Neolítico hasta la actualidad, pasando por las luchas entre los reinos cristianos, en el marco de un mar de viñedos, se aúnan la memoria colectiva e histórica con la tradición y la modernidad de la sociedad actual.