El municipio más poblado de la Sonsierra, 1.190 habitantes en 2006, se deja ver prácticamente desde todo el tramo del Ebro en Rioja Alta. Con su perfil característico en el que destaca su castillo e iglesia parroquial en lo alto del cerro en donde se sitúa el municipio, ha sufrido a lo largo de su Historia los avatares y cambios de manos habituales de la zona hasta la Edad Media. Además, San Vicente cuenta con dos aldeas situadas a su norte: Ribas de Tereso y Peciña.

Las huellas de poblamientos prehistóricos y romanos nos remiten a una actividad humana continua en la zona desde ese periodo. Sin embargo, el auge de San Vicente de la Sonsierra llegará en el proceso de configuración de los reinos cristianos y en las luchas contra los musulmanes. Así, en el siglo X, el avance navarro se consolida y se establece una primera línea fronteriza en el Ebro precisamente frente a las incursiones árabes. Será en 1172 cuando el Rey de Navarra Sancho Garcés el Sabio conceda a San Vicente de la Sonsierra el fuero de Laguardia, que era una aplicación del de Logroño, así como su Alfoz. Desde entonces el protagonismo de la localidad crece, se convierte en villa, se consolidan sus límites jurisdiccionales, amurallándose el núcleo urbano y levantándose el castillo, concretamente en 1194.

Las luchas fronterizas entre navarros y castellanos, así como las dinásticas internas, marcarán el futuro de la localidad. En el siglo XIV el Rey de Navarra Carlos II concedió privilegios de hidalguía a los habitantes de San Vicente y a sus descendientes por su resistencia en la guerra castellana entre Pedro I el Cruel y Enrique II de Trastamara. En 1464 toda la zona pasará definitivamente a manos de la Corona de Castilla, debido a conflictos dinásticos en el Reino de Navarra. La situación de frontera terminaría en 1512, cuando el Reino de Navarra se incorpora a España.

En la Guerra de la Independencia, 1808-1813, San Vicente de la Sonsierra fue ocupado por las tropas francesas debido a su posición estratégica. El carácter fronterizo vuelve a lo largo del siglo XIX con las Guerras Carlistas, siendo toda la zona un territorio en disputa entre el bando liberal y el tradicionalista. De hecho, en la I Guerra Carlista de 1833 San Vicente fue uno de los enclaves dominados por el General liberal Zurbano, hombre de confianza de Espartero.