El puente de Briñas

El impetuoso río Ebro ha sido siempre un problema a la hora de permitir la circulación de personas y mercancías por toda la comarca. Un problema tanto más grave si tenemos en cuenta que una gran parte de la producción de vino de La Rioja Alta ha tenido como destino siempre los mercados del norte.

Esto otorgaba a los puentes un valor estratégico no sólo militar (no podemos olvidar que el río marcó durante mucho tiempo la frontera entre los reinos de Navarra y Castilla), sino también social y comercial.

Uno de los principales pasos históricos del río los ha representado siempre el conocido como puente de Briñas, al encontrarse cerca de esta localidad; sin embargo el puente se encuentra en jurisdicción de Haro. Se trata de una gran obra de piedra de 153 metros de longitud y una altura que alcanza la nada desdeñable dimensión de catorce metros y medio.

Era un punto clave en las comunicaciones con Vitoria y fue también lugar de paso de los peregrinos que por el Camino de Santiago procedente del túnel de San Adrián se encaminaban a Santo Domingo de la Calzada a empalmar con el Camino Francés.

Hay algunos autores que sitúan el origen del puente en época prerromana que uniría los dos barrios de la antigua ciudad de Deobriga y que existiría en este punto o en las inmediaciones.. La desaparición de esta ciudad daría lugar a la aparición de núcleos independientes Tondón (en el conocido hoy como meandro de Tondonia), hoy desaparecido pero del que se han encontrado numerosos restos, y Briñas.

La primera noticia documental que se tiene del puente data del siglo XIV sobre una intervención en el puente lo que demuestra que para esta fecha debía llevar ya algún tiempo construido.

En el siglo XV, Doña Leonor, reina de Aragón, concede a la localidad de Haro los derechos de portazgo de varios puentes, entre otros, del que nos ocupa. A cambio el ayuntamiento tenía que correr con los gastos de mantenimiento que no debían ser pequeños, dado el continuo deterioro que las frecuentes avenidas del Ebro producía en este tipo de construcciones.

Parece que el mantenimiento del puente fue siempre problemático y muy costoso. El ayuntamiento de Haro se vio obligado a llegar a diferentes acuerdos con varias localidades para las que el puente era un punto estratégico de su vida comercial de manera que se eximían de portazgos al tránsito de mercancías por le puente a cambio de que se hicieran cargo de algunas de las faenas necesarias cuando era preciso reparar el puente.

Hay autores que sitúan la construcción del puente actual en 1643, siendo obra de Pedro de Urquiola, como reza una inscripción que todavía se puede leer en uno de lo tajamares. Sin embargo en otro lugar del puente se puede leer otra inscripción con la fecha de 1574. Si sabemos con toda certeza que en el año de 1643 se procedió a recalzar el puente y a efectuar diferentes obras para su conservación, incluyendo la torre del mismo. Por tanto es más que probable que no se tratara de una reconstrucción completa del puente sino más bien de una reparación como consecuencia de la gran riada de ese año que afecto también a otros puentes como el San Vicente de la Sonsierra.

Jovellanos, que visitó el puente en uno de sus viajes habla de que existía también una marca que indicaba el nivel de las aguas en la riada de 1775, aunque hoy esta marca no se encuentra visible.

En el siglo XVIII se abordan nuevas obras sobre el puente, que incluyeron una ampliación. Obras de intervención se repetirían a lo largo de todo el siglo coincidiendo con importantes mejoras en los caminos locales.

En el siglo XIX el puente se fortifica con un castillo y una serie de parapetos según el curioso plano de Joaquín Hallegg, gracias al cual nos podemos hacer una idea muy aproximada de cómo era el puente en ese momento. El motivo de proteger este puente era su valor estratégico durante el conflictivo siglo XIX y el papel que jugó la zona durante las guerras carlistas.

En el año 1940 se plantea realizar unas obras de gran envergadura para facilitar el tránsito rodado por el puente que quedaba claramente estrecho para las necesidades modernas del tráfico a motor y el elevado tránsito en ese momento y en las previsiones de futuro de la carretera nacional N-232. Tras realizar diferentes estudios y viendo el elevado coste de la obra que, además haría perder al puente todo su valor histórico se optó por la desviar la carretera por un nuevo puente, salvando así esta importante construcción.

El puente ha sido recientemente restaurado.

Puedes obtener más información sobre este puente en el Catálogo de puentes anteriores a 1800. La Rioja. Trabajo coordinado por Begoña Arrue y Jose Gabriel Moya.

 

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