Paisajes de Rioja Alta

Si algo caracteriza a la Rioja Alta son sus paisajes. Múltiples y diversos. Con el viñedo como protagonista fundamental,  y con multitud de elementos que aportan un alto grado de singularidad y belleza a los mismos.

La variedad del relieve nos ofrece infinitos planos que aportan diversidad y perspectiva. La Sierra de Cantabria, los cerros que el río ha ido dejando como testigos del pasado en su largo proceso de erosión, terrazas o llanos cubiertos de viñedos. Y entre ellos, oteros desde los que podemos descubrir fantásticas panorámicas.

Pueblos, castillos y construcciones tradicionales también destacan en este paisaje. Algunos de los pueblos más singulares se encaraman a lo alto de las elevaciones recortando su silueta sobre el horizonte. Otros por el contrario se mimetizan con el terreno, empeñados en integrarse en el mismo. Algunos castillos destacan también, guardianes seculares del espacio; dos destacan especialmente: Davalillo y el castillo de San Vicente.

La variedad y riqueza de los colores es otro de los elementos destacados. Cambiantes con el ciclo del año, alcanzan su máximo esplendor en el otoño, cuando una increíble diversidad cromática inunda el campo. Diversidad fruto del maravilloso ciclo de la vid, pero también de un modelo de cultivo distribuido en pequeñas parcelas y con las diversas variedades de uva entremezcladas. Es sin duda el otoño uno momento mágico que bien merece la visita sólo por el disfrute de nuestra vista.

Una urdimbre de caminos y los imprescindibles puentes necesarios para poder superar los ríos configuran líneas en el espacio. Nos hablan de la necesidad de comunicaciones que siempre ha tenido esta comarca, sin los que el vino de Rioja no hubiera podido alcanzar su difusión mundial.

También podemos observar pequeñas construcciones agrarias. Entre las que destacan los guardaviñas que nuestra atenta mirada podrá descubrir sin dificultad distribuidos por todos los rincones.

El paisaje es uno de los principales atractivos de nuestra ruta. Un paisaje agrario, humanizado, que nos permite descubrir la realidad actual y pasada del territorio. Construido con el esfuerzo de generaciones que, poco a poco, han ido modelando uno de los espacios vitivinícolas más importantes del planeta.

Un placer para nuestros sentidos que no te puedes perder.

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