La Estación Enológica de Haro

125 años nos separan del momento en que se abrió la Estación Enológica de Haro, una de las primeras que empezó a funcionar en el país.

Algunos datos históricos nos ayudan a entender el contexto en el que nace esta institución. La crisis de la viticultura francesa a mediados del XIX, primero por la plaga del oídio y de la filoxera después; suponen un fuerte incremento de la producción de vino y grandes cambios no solo agrarios, en la Rioja.

Pero en 1875 se detectan en España los efectos de la filoxera, y además la situación ha cambiado en Francia, y La Rioja se enfrenta también a graves problemas de sobreproducción.

En este contexto, y tras algunos intentos fallidos, en 1892 el Ministerio de Fomento promueve la creación de las Estaciones Enológicas, para estudiar y clasificar las diversas variedades de uva, practicar análisis, estudios y ensayos de los vinos de la región, aconsejar a los cosecheros para que mejoren sus practicas en la elaboración, formar aprendices y capataces bodegueros, etc.

La de Haro comienza a funcionar el 6 de octubre de ese año y constituirá una herramienta de modernización y mejora de las técnicas de elaboración en las bodegas y para ello será fundamental su labor docente, tanto dentro como fuera de ella, pues sus directores estaban facultados para celebrar en otros lugares “conferencias públicas sobre los mejores procedimientos de elaboración, enfermedades y correcciones de los vinos y otros asuntos relacionados con la misión que se les confía”. Dirigida inicialmente por Mariano Díaz, es Víctor Cruz Manso de Zúñiga quien se encarga de esta institución hasta 1921.

A partir de 1899, cuando se detecta la filoxera en Sajazarra, y se extiende por toda La Rioja, la Estación se ocupa fundamentalmente de intentar remediar las catastróficas consecuencias de esta plaga, por lo que sus funciones se centrarán sobre todo en el tratamiento contra enfermedades y a la sustitución de los viñedos con filoxera por planta americana injertada con variedades tradicionales.

En 1909, Manso de Zúñiga ya deja claro en la Memoria anual de la Estación que variedades son las mejor adaptadas y con mejores rendimientos en sus campos de experimentación: tempranillo, graciano y mazuelo (sin despreciar la garnacha) para las tintas y la viura y la malvasía entre las blancas. También concluye como debe ser un buen vino de Rioja, capaz de competir en el mercado nacional e internacional con los vinos franceses y era una buena materia prima y la mezcla de varios tipos de uva en proporciones para los tintos de 75% de tempranillo, 15% de garnacha y 10% de mazuelo. Para los blancos y sin llegar a especificar las proporciones recomendaba mezclar la malvasía con la viura, la torrontés y la maturana. Estamos pues asistiendo a la primera tipificación del vino.

El actual complejo de la Estación Enológica de Haro se construye en varias fases entre 1907 y 1917, aunque hasta 1924 no se termina la nueva bodega, teniendo posteriormente nuevas ampliaciones de laboratorios, campos de experiencias, etc.

Desde entonces hasta ahora, la Estación ha acompañado a la evolución y avatares de la viticultura de La Rioja. Hoy su tarea sigue centrada en las atribuciones que se le asignan en los años 80 y que son el asesoramiento en problemas vitivinícolas; el estudio, la experimentación

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